Abstract:
La madrugada del 25 de mayo confirmó que tendría que acelerar la marcha, que no existía más tiempo. A eso de las dos de la madrugada –lo sabía porque sus horas de sueño eran tres-, encendió la lámpara, junto al teléfono y colocó el reloj al alcance de su mano. La luz llegó con fuerza e intensidad. Con los ojos semicerrados puso el pie derecho sobre el frío piso y se incorporó. Sin embargo, la pierna derecha no sostuvo el cuerpo y cayó de rodillas.