ANAITE, LA NOVELA CRIOLLISTA DE MARIO MONTEFORTE TOLEDO UNIVERSIDAD DEL VALLE GUATEMALA Facultad de Ciencias y Humanidades Departamento de Letras a i S .OTErcik Pc-tirlAC _1.E UE litiATEMALA ANAITE, LA NOVELA CRIOLLISTA DE MARIO MONTEFORTE TOLEDO EDGAR LIZARDO PORRES VELASQUEZ Trabajo de investigación presentado para optar al grado académico de Licenciado en Letras Guatemala 1986 - A mi Esposa Eugenia A mi hija Carmen Eugenia Tribunal: c. Del a • " °onez de Tock (f) Lic. Margarita Carrera (f) Lic. Gusta,1141 Adolfo W:1 . E o. Cr) /9590- Lic. Gultavollidolfo Wyld F. Fecha de aprobación: 13 de Noviembre de 19e6 RESUMEN El presente trabajo es un estudio de la novela AnaLté, del escri tor guatemalteco Mario Monteforte Toledo (15/9/1911) en el cual se inten ta demostrar que dicha obra es una novela criollista, dentro de la pro- ducción literaria del autor. La parte introductoria se refiere a las razones que motivaron el trabajo, se plantea la hipótesis y se explica la metodología del traba- jo. La segunda parte incluye información referida al autor, su obra literaria y ubicación dentro del movimiento literario y cultural de Gua- temala. En la parte tercera se establece el marco teórico, previo a si- tuar la novela Anaíté como obra representativa de la novela criollista hispanoamericana, en donde la naturaleza es factor predominante, tam- bién se hace mención del criollismo como una corriente importante dentro de la literatura guatemalteca. La parte medular del trabajo está contenida en el Capítulo IV. En él se habla del asunto y del resumen argumental de Anaít/ y, luego, de la naturaleza como ámbito esencial de la obra. También se establecen las relaciones y conflictos entre la civilización y la barbarie y los re sultados de este enfrentamiento. El hombre se ubica inmerso en un uni- verso de contrastes donde se mueven los personajes principales de la obra. Se cierra este apartado con una referencia al mundo lacandón, don de se presenta el desenlace de la novela. Finalmente se hace una aproxi mación a la organización formal y a algunos rasgos literarios predominan tes en Anaíté. El trabajo concluye con un estudio comparativo de esta obra, con La venágíne, de José Eustasio Rivera. Se incluyen Conclusiones, Bibliografía y un Apéndice que contie- ne una entrevista con el licenciado Arturo Herbrúger Asturias, compañero y contemporáneo del autor. Guatemala, Octubre de 1986 CONTENIDO Páginas RESUMEN I. INTRODUCCION 1 II. EL AUTOR Y SU OBRA 3 A. Reseña Biográfica 3 B. Obra Literaria 6 III. MARCO TEORICO 13 A. La Novela Criollista Hispanoamericana 13 1. Generalidades y Características 13 2. La Naturaleza, Factor Predominante en el Criollismo 17 3. El Criollismo en la Literatura Guatemal- teca 19 IV. ANAITE, LA NOVELA CRIOLLISTA DE MARIO MONTEFORTE TOLEDO 23 A. El Asunto: la Novela Anoté y su Origen en una Aventura al Río Usumacinta 23 B. Resumen Argumental 26 C. La Naturaleza en AnaLté 29 1. Naturaleza y Selva: un Universo Vivencia] 29 2. Fuerza y Belleza de la Naturaleza 34 3. El Río Usumacinta y los Raudales de "Ana i té" 38 D. Civilización-Barbarie 44 1. Enfrentamiento 44 2. Violencia y Muerte: Resultado de la Bar- barie 50 Páginas 3. El Hombre, Elemento de Contraste 52 4. Jorge y Rafael, Personajes en Conflicto 57 5. La Mujer y el Amor 60 6. Consideraciones Valorativas del Mundo Lacandón 74 a. Los Lacandones y la Relación coheren- te con el Asunto de la Novela 76 E. Lo Literario 78 I. Organización Formal de la Novela 78 2. Algunos Rasgos Modernistas en Anal/té 81 a. La luz como efecto estético 82 b. La Musicalidad 84 c. La Imagen 85 d. El Colorido 86 3. Paralelismo Temático en La Voadyine y Anaíte 87 V. CONCLUSIONES 95 VI. BIBLIOGRAFIA 97 APENDICE 99 I. INTRODUCCION La Generación Literaria de 1930 tiene dentro de sus representan tes a grandes figuras del mundo intelectual guatemalteco, uno de ellos es el escritor Mario Monteforte Toledo. Su obra literaria, especialmen- te sus novelas nutrieron el espíritu creativo de su generación y ocupa un lugar relevante en la literatura nacional. La crítica literaria lo considera uno de los bastiones de la no- velística contemporánea del país. Sin embargo, razones tales como: su larga ausencia de Guatemala (treinta años en el exilio, de 1956 a 1986), y su acendrada filiación política, muy alejada de los últimos regímenes del país, son factores que influyen en el desconocimiento de su obra li terari a. Sus principales novelas poco reconocimiento han tenido en la Li- teratura Hispanoamericana; los valores de nuestras letras no hansido jus tamente valorados y parecen olvidarse conforme el tiempo los aleja del momento en que afloraron literariamente. Dentro de la novelística de Mario Monteforte Toledo, figura Anai te, obra poco conocida en la literatura guatemalteca, y uno de los obje- tivos de este trabajo es contribuir a su conocimiento y evitar que conti núe en el silencio. El presente estudio pretende aproximarse a la novela Anaíté, que es la obra más representativa del criollismo en la producción literaria del autor; en ella encontramos identificado el enfrentamiento del hombre contra la naturaleza, que es la característica más predominante en la co rriente criollista; también nos permite valorar la capacidad creativa - del autor en el manejo de la temática que identifica al hombre y su lu cha por dominar el ámbito selvático. El trabajo tiene como objetivo principal demostrar que Mario Mon teforte Toledo, con la novela AnaLté, es uno de los escritores en la li- teratura guatemalteca que mejor enfoca el criollismo al enfrentar en su temática al hombre contra la naturaleza, además que utiliza recursos de la novela criollista, como es describir la exuberancia de la selva pete- nera y la delirante belleza tropical del río Usumacinta, con la consi- guiente urdimbre del hombre y sus conflictos. Se demostrará y ejemplificará con citas texturales, que Anaítá es la novela criollista de Mario Monteforte Toledo y una de las obras que más se acerca a los modelos literarios del criollismo hispanoamerica no; ejemplo: La VonAgíne de José Eustasio Rivera. Se utiliza como parte de la metodología, además de una lectura cuidadosa, la búsqueda de material asuntual o extraliterario que respal- da la labor creativa del autor, entrevistas, kapas, fotografías, libros, revistas, periódicos; también se recurre al método estilístico para po- der apreciar la creatividad literaria de Mario Monteforte Toledo, tal co mo la presencia de los rasgos modernistas en la novela, tendencia estéti ca muy usual en la descripción de la naturaleza, en la novela criollista. Sirva este estudio como un breve aporte a la difusión de la pro- ducción literaria de Mario Monteforte Toledo, y un homenaje a sus fruc tíferos años. II. EL AUTOR Y SU OBRA A. Reseña Biográfica Mario Monteforte Toledo nació en la ciudad de Guatemala, el 15 de septiembre de 1911. Hijo de Don Mario Divizia Monteforte, de origen ita liano, y de Doña Jesús Toledo Herrarte. Parte de su niñez y adolescencia la vivió en Sololá, con sus padres, lugar de donde extrajo las primeras experiencias para su acercamiento al mundo indígena tzutuhil, las que le dieron información para algunas de - sus principales novelas. Posteriormente se trasladó a la ciudad capital, donde realizó sus estudios de Bachillerato y más tarde los de Abogacía y Notariado, en la Universidad de San Carlos. Sintió cierta atracción por viajes y excursiones y fue miembro acti yo de los Boys Scouts de Guatemala. En diciembre de 1936, cuando tenía 25 años, realizó junto con un grupo de amigos, un viaje aventurero por el río Usumacinta. El periodista guatemalteco-mexicano Fedro Guillén recoge la expe- periencia así (1959: 5 dic.): "Parece ayer cuando encontré a Monteforte en la ciudad de México. Por estos días en que el año eleva anclas, entre lunas memorables y noches más o menos boreales. Estaba - el recién desempacado del trópico tras gira alucinante ro dando sobre el Usumacinta en compañía de ilustres aventu- reros. Habían devorado millas peteneras en uno de esos - esquifes casi de juguete, hasta desembocar en aguas mexi- canas, y el altiplano nuestro lo acogió con un frío muy 1937. Monteforte lleva encima toda la geografía descu- bierta y más tarde un libro recogería la odisea en vegeta les páginas." El libro que Guillén menciona es la novela Anaíté. A principios de la década de 1940, ejerció la profesión de Abogado y Notario en Sololá, donde se interesó por el conocimiento del indígena de la región. De esa vivencia extrajo asuntos para dos de sus mejores - novelas: Entice La pLedna y La ckaz, y Donde acaban /04 camíno4. Durante algunos años convivió con una mujer de origen tzuthil, con quien procreó una hija. Al respecto dice Guillén (1959: 5 dic.): "Su paréntesis de Sololá confirmó herencias categóricas. Del Mediterráneo le llega endiablado desasoiego, sed tra humante-- cruz y gloria de ciertos hombres—. En el po- blado lloviznoso y triste era abogado de no sé cuántas co fradías y compadre de casi todos los brujos. Supo aprove char, leyendo, tardes gris perla de esas cumbres y de ahí buena parte de lo que sabe. Cuando bajó el camino por úl tima vez, desde el lar sololateco, ha de haber sentido sa cudida con que se acompaña lo entrañable. Traía secretos de una veta que después dio libros definidores del alma - indígena, y amorosamente, una hija vivaz, ojos de obsidia na y sangre de dioses tzutuhiles." Empujado por el crecimiento de la dictadura del presidente Jorge - Ubico, emigró a los Estados Unidos, en cuyo ejército tuvo que prestar servicio, dada su condición de residente. Después decidió viajar a Europa y, finalmente, regresó a Guatemala. De su estadía en Nueva York, Guillén dice (1959:5 dic.): "En 1943 vivió en Nueva York. Con ilustraciones de Rufi- no Tamayo publicó "Biografía de un pez". Mario Andaba en busca de editor y, originales bajo el brazo, llevó este pez a la oficina del editor Knoph, en donde el encargado de la sección literaria Wellinstrock, después de leer los originales declaró al novel y, claro, todavía azorado es- critor: -- Este libro me interesa mucho, pero es un libro contra 5 los Estados Unidos, porque en este momento todo libro que diga que los Estados Unidos no son como los Esta- dos Unidos dicen que son, es un libro subversivo..." A pesar de las discrepancias, el libro fue editado, y es una de las primeras obras literarias que el autor publicó fuera de Guatemala. Cuando regresó al país, hizo carrera política en los principales cuadros dirigentes de los partidos que impulsaron el proceso reformador, surgido a partir del 20 de Octubre de 1944. Esto le permitió ser electo Diputado al Congreso de la República du rante el gobierno del doctor Juan José Arévalo (1945-1951). Representó a nuestro país ante la Organización de las naciones Uni- das en los años 1946 y 1947. Fue Vicepresidente de la República en 1948 y 1949 y Presidente del Congreso de la República de 1950 a 1951. Participó activamente en las luchas políticas y fue secretario del partido Acción Revolucionaria entre los años de 1946 y 1948. Con la caída del gobierno del Coronel Jacobo Arbenz Guzmán, en ju- lio de 1954, se retiró de la vida política activa, fundando y dirigiendo el semanario "Lunes", que tuvo vida efímera, debido al excesivo control de que fue objeto por parte del gobierno del Presidente Carlos Castillo Armas. En 1956 se reiniciaron las perturbaciones políticas y se vio preci- sado a abandonar el país. El licenciado Arturo Herbrúger Asturias dice (1): "En 1954 supe que Mario fue detenido por las fuerzas de seguridad del gobierno del Coronel Castillo Armas. Se le vinculaba con la política del depuesto régimen de Arbenz. Por intermedio mío salió libre, yo era amigo del Ministro (1) Enttel.4.4t4 hecha el 6 de ago8to de 1986. 6 de Gobernación, le hablé de mi amistad con Mario, se com- probó que no tenía nada que ver con el asunto político - del momento, y fue puesto en libertad. Después, en 1956, Mario escribió un artículo en un perió- dico, que no pareció del gusto del gobernante y fue expul sado de Guatemala." A partir de 1956, Mario Monteforte Toledo trabaja como catedrático y tiene a su cargo un Departamento en el Centro de Investigaciones de la Universidad Nacional Autónoma de México. En 1964 realizó estudios sobre problemas hispanoamericanos en la Universidad de La Sorbona de París, Francia. Y Economía Agraria, en Ro- ma, Italia. Su producción intelectual de los últimos treinta años va encauzada hacia la problemática sociológica, disciplina que lo ha ocupado desde - que reside en México. Un juicioso y ordenado espíritu artístico lo llevó a organizar un programa de arte y cultura en la República de Ecuador, país donde dio a conocer su capacidad en la administración de organizaciones culturales. B. Obra Literaria Se inicia como creador literario con una colección de poemas titula da &ato, escritos en 1932. Esta obra es un fermento de lo que, poste- riormente, será su postura literaria; encarna ya al escritor que atisba una manera de identificación con nuestra nacionalidad. En 1937 escribe la novela Anatté, la cual no fue publicada sino en 1948, debido al amordazamiento literario que imperaba en Guatemala duran te el gobierno del presidente Jorge Ubico (1931-1944). Con el movimiento revolucionario de 1944, la protesta social se ha- 7 ce evidente y Monteforte Toledo, aprovechando sus anteriores experiencias y su conocimiento sobre la realidad de los grupos indígenas, crea unaobra literaria para aplicar su enfoque de la problemática indigenista. Su no vela Entre .est pierlita y la axuz, publicada en 1948, es la obra que regis- tra las emociones y el efecto que los acontecimientos sociales de la épo ca producen en el corazón del personaje principal, Pedko Matzaft, quien - conoce por nacimiento, herencia y raza, su idiosincrasia de indio genui- no y, por educación, experiencia y convicción, las ventajas de la cultu- ra ladina. En la novela Entice La píedita y Ea chez, los elementos nacionales y de protesta social están fuertemente ligados al indígena Ped)tc Matzan, - que se encuentra "entre la piedra y la cruz", o sea entre la cultura de los indios y la de los ladinos. En 1953, Monteforte Toledo publica otra novela con tendencia indige nista: Donde acaban for canulno , cuyo tema es la fusión de los indios y los ladinos para crear la nacionalidad guatemalteca; en ella combina el mundo ladino y el mundo del subconciente . La identidad de sus novelas con la problemática indígena nacional, la manifiesta cuando él mismo dice (El Imparcial, 22 nov. 1975 p.4): "La búsqueda de la literatura nacional debe ser la prime- ra preocupación del escritor, digo la búsqueda de la ex- presión nacional. Para el caso de Guatemala, lo nacional, lo local está en el mundo de los indios. Lo verdaderamente nacional está en buscar el misterio que se encuentra abajo de las pala- bras, adentro de la piel. Y esto no lo vamos a confundir con el colorido del folklo- re." La temática indígena, en dos de sus mejores novelas, ha consagrado 8 a Mario Monteforte Toledo como uno de los literatos que más han ahondado en la problemática del mundo indígena guatemalteco. El licenciado Amilcar Echeverría dice (1968: 377): "Es uno de los pocos exégetas y conocedores de nuestros - problemas indígenas. Lo ha tomado con pasión y vocación, conviviendo con nuestros aborígenes de Atitlán y reco- rriendo con escalpelo agudo todos los ramales de su sensi bilidad: desde sus atavíos típicos hasta ahondar en los - arcanos de su lengua esotérica. Por eso ha llegado a com prender al indio y ha podido presentarnos su mensaje ver- tido al castellano." La cueva din quietud es una colección de cuentos publicada en 1949, obra donde demuestra el buen manejo de la técnica narrativa y la facili- dad para abordar temas universales. En 1957 publica la novela Una maneta de motín. El personaje princi pal es un comunista que se da cuenta de la hipocresía del partido y, des pués de permitirse el lujo de pensar por su propia cuenta, se siente tan agobiado que termina por abandonar la organización política. Con esta novela, Monteforte experimenta un estudio filosófico de tendencias uni- versales. Se considera que, a partir de la publicación de Una maneta de mo- ta, el autor se aleja de las tendencias ideológicas que hicieron crisis en Guatemala durante el gobierno del Coronel Jacobo Arbenz Guzmán (1951- 1954). Respecto de su interés por la política guatemalteca, Monteforte res ponde negativamente y argumenta lo siguiente (El Imparcial 22 nov. 1975 p.4): "Otra cosa es que me interese Guatemala. Mi preocupación fundamental es la literatura y la Universidad. Pero mi país sí me interesa y mucho. Y el día que Guate- mala utilice mis servicios como intelectual, como organi- 9 zador de algo, como factor de una idea, allá iré, sin va- cilar, dejándolo todo sín dudarlo un instante." A partir de sus compromisos obtenidos con la Universidad Nacional - de México desde 1956, Monteforte Toledo ha dedicado parte de sus estudios formales a la investigación sociológica. Ha publicado valiosas obras, ricas en experiencias e indagaciones - en el campo de la problemática social. Algunas de esas publicaciones son: La4 pLedna4 vivaz. U.N.A.M. México D.F. 1964. Monognalía SoeLológíca de Guatemala. U.N.A.M. México D.F. 1965. Loo pant¿do4 patítico4 en Ibutoamítícia. U.N.A.M. México D.F. 1966. ThC4 En4ayo4. U.N.A.M. México D.F. 1967. IzquLenda4 y denechaz en LatlnoamIALca. (en coautoría con Francisco Vi- llagrán Kramer) Editorial Pleamar, México 1968. MLnada bobee Lattnoamatca. E.D.U.C.A. 1975. Otras obras literarias publicadas. CabagUl. (Poemas) Guatemala, 1946. Pítitán, gato del ante. (Ensayo) Guatemala, 1951. Vínívion del Man. Ediciones Joaquín Mortíz, México D.F. 1963. Todo4 /as cuento4. Edición Seix Barral, Barcelona, 1981. Su filiación política le ha ganado muchos méritos a nivel internado nal, aunque también se ha criticado su pensamiento ideológico y políti co. (2) En la actualidad, en su casa de la ciudad de Cuernavaca, México, in (2) Couídeno que ea ínadrik4Lble juzgax at esenÁton a tnavé4 del hombre poli-Uzo que lue, pues, lao quenetta4 con el luncLonanío público nada LLenen que ven con loo ccanpo4 de la eistétíca ,Utenanía. 10 tercambia las horas de lectura con su deporte preferido, la esgrima. Mantiene un ritmo de vida que le permite gozar de una serena adultez lle na de fuerza espiritual y de vigor físico. Al respecto dice (El Impar- cial, 22 nov. 1975. p.4): "Llevo una vida organizada de trabajo, esto desde ya años. En cualquier sitio donde me encuentro lo primero que hago es organizarme. Creo que voy a morir joven y esta idea - me apresura, me impulsa. He vivido con mucha intensidad, demasiado de prisa. A diario busco el contacto de la gen te. No sólo con los universitarios, sino con la gente 7 del pueblo." Respecto de la creación literaria y la disciplina para alcanzar el éxito en la elaboración de una obra literaria, dice (Ibid): "No creo en la inspiración. El escritor es un ente gené- ticamente inclinado a escribir y lo demás es trabajo, es- tudio, dedicación. Muchas horas sobre la máquina de es- cribir, armado de valor para romper lo que no sirve y vol ver sobre el problema." Asimismo, reconoce cierto gusto por el valor poético como fuerza de creación para la elaboración de su obra literaria (Ibid): "Leo más poesía que otra cosa cuando trabajo en una nove- la, porque juzgo que la poesía nos enseña a decir lo que queremos empleando el menor número de palabras." El recuerdo de Guatemala y la añoranza por su tierra natal, se iden tifica por el deseo de un reencuentro con el mundo aborigen en el alti- plano del país. El regreso a la tierra fría donde compartirá con los dioses y brujos tzutuhiles. Para comprender a Mario Monteforte Toledo, es necesario conocer to- dos aquellos aspectos que inciden en su personalidad de estudioso, de po lítico y de creador. Sobre todo, aquellas facetas que lo ubican como un pensador universal, que ha superado el medio en que le tocó nacer y vi- 11 vir, y ha podido valorar las doctrinas, transformarlas y volver a su pro pia tierra como vuelven las aves a anidar o a quedarse para siempre, des pués de haber dado una provechosa travesía por el universo. III. MARCO TEORICO A. La Novela Criolla Hispanoamericana 1. Generalidades y Características El criollismo es, fundamentalmente, el encuentro inmediato de - los valores propios de Hispanoamérica y su refundición en obra de arte literario. Es también, el resultado de factores naturales propios de las zonas geográficas y climatéricas del trópico americano: selvas exuberan- tes, ríos caudalosos, serpientes, fieras, plagas, etc. Ya en el siglo XVI, cuando los conquistadores españoles exploraban un mundo virgen donde implantarían manifestaciones culturales y de un or den social diferente al que encontraron el soldado-cronista Bernal Díaz Del Castillo veía con asombro la exuberancia de ceibas frondosas y ríos turbulentos. Era un mundo desconocido que despertaba el afán de explorarlo como un enfrentamiento con la barbarie: era la búsqueda de lo desconocido, co mo sinónimo de encuentro con la riqueza. El cronista-narrador de los siglos posteriores huyó de las selvas, porque éstas no ofrecían las ventajas que demandaba el coloniaje. La - inestabilidad y la incertidumbre no favorecieron a los posibles escrito- res de los siglos XVI y XVII, para sumergirse o internarse en un ámbito que estaba muy lejos del esti lo de vida de la época. Es escritor hispanoamericano de los siglos XVIII y XIX dio poca im- 14 portancia a la valoración de los elementos propios de su medio; su bús- queda se dirigió hacia las corrientes literarias europeas (Neoclasicis- mo, Romanticismo, etc.) mismas que nacieron de factores y circunstancias propios de un mundo ligado a la problemática individual y social del mo- ment °La mayoría de las creaciones literarias hispanoamericanas, produci- das hasta principios del siglo XX, tomaron como modelo la sociedad euro- pea y su mundo imitable y "perfecto"; pero, después de la Primera Guerra Mundial, surgió en las comunidades de Hispanoamérica desencanto y deses- peranza en el arquetipo de la sociedad europea, exportadora de ideales y valores en el contexto del desarrollo sociológico y cultural. La desilusión, ante una sociedad que inhumanamente se auto-destruye, provoca una especie de ideal americanista y se toman literariamente te- mas propios de la región, sin desestimar corrientes afines con los movi- mientos vanguardistas del momento. Se manifiesta un despertar de la con ciencia nacional en los literatos jóvenes de los países americanos de ha bla hispana, y una estricta actitud regionalista y social en la observa- ción del mundo americano y la interpretación de sus problemas. Los creadores literarios, especialmente los novelistas, expresan en la literatura, la originalidad de un nuevo mundo, donde tierra y gentes se mancomunan para ofrecer como su propio destino una condición vigorosa y distinta: eliminar lo ficticio y lo artificioso para revalorar los ras gos vitales y anímicos de las circunstancias locales. Con el Criollismo, la novela hispanoamericana adquiere una fisono- mía propia y se independiza de los modelos europeos; se siente por prime ra vez la acción determinante de la naturaleza salvaje frente a los cona tos civilizadores del hombre. 15 El novelista describe la epopeya de la lucha contra el mal, que es la naturaleza enemiga. El héroe moral representa la civilización y lu- cha contra la barbarie que, muchas veces, estará representada en la natu raleza misma. La individualidad y el carácter de la literatura criollista intenta originalidad al presentar gentes y tierra identificados no con lo ajeno y europeizante, sino con los reflejos vivos de la vida americana, factor éste que la hace universal. En su temática, la literatura criollista posee, como rasgos especí- ficos, sus héroes trágicos,donde la pasión lleva a una inexorable trage- dia. La muerte violenta, más que el amor, es un tema constante. Apare- cen elementos identificados con el temor, la crueldad y lo emocional en su máxima proyección; es una novela con tono de angustia. Se crea por - consiguiente, una literatura pesimista y trágica, demostradora de deter- minadas vivencias de los personajes, con un final catastrófico, acento apocalíptico consustancial al espíritu criollista. Los personajes de la novela criollista están centralizados en un so lo arquetipo individual: fanáticos, inadaptados sociales, neuróticos, - abúlicos, criminales, fanáticos de la creación o de la destrucción, gen- tes de psicología compleja. La novela criollista tiende hacia una sustentación neoclásica, ya que pretende dar una enseñanza vivencial al hombre, de manera que éste, siendo parte de la naturaleza, no podrá vencerla; crea un respeto hacia las leyes de ésta, por que el hombre, por fuerte y poderoso que sea, su- cumbe ante ella, fiera monstruosa que amenaza la vida de quien la enfren ta. 16 El triunfo del Criollismo en la literatura hispanoamericana se al- canza con la publicación de la novela La votágíne (1924) del colombiano José Eusrasio Rivera, Don cegando Sombra (1928) del argentino Ricardo - Gliiraldes, y Doña Bditbaka (1929) del escritor venezolano Rómulo Gallegos. En el siglo XIX, el escritor y estadista argentino Domingo Faustino Sarmiento había planteado, con el subtítulo de la obra literaria Facundo, el enfrentamiento de cívítízacíón y bakbanie. Este principio sarmientiano prevaleció como un indicio literario del fuerte influjo que la naturaleza proyecta sobre la vida cotidiana del individuo campestre. Dice Carlos Fuentes, al comentar la frase final de la novela La Vo- Aágíne: "se los trago la selva", que "podría ser el comentario de un lar go siglo de novelas latinoamericanas: se los tragó la montaña, se los - tragó la mina, se los tragó el río." También comenta que, cuando la natu raleza interviene, "es sólo la enemiga que traga, destruye voluntades, - rebaja dignidades y conduce al aniquilamiento. Ella es la protagonista, no los hombres aplastados por su fuerza." A los autores de las novelas criollistas se les acusa de dar excesi va importancia al paisaje, de sucumbir con facilidad a la tentación des- criptiva, de no llegar hasta el hombre, ocupados en la faena de desenre- dar la naturaleza virgen que le rodea. Esta crítica reconoce que en tal actitud literaria hay una diferencia de grados y que tales excesos se no tan más en algunos novelistas como José Eustasio Rivera y Rómulo Galle- gos. En todo caso, esta supervaloración del paisaje poco tiene de idea- lización romántica; no es, al menos en muchos escritores, una naturaleza sublime la que surge de esta épica tierra americana; es, por el contra- 17 rio, una fuerza tentacular, descontrolada, que parece desbocarse brutal- mente al sentir el contacto del hombre. La novela criollista alcanza su apogeo entre la primera y segunda Guerras Mundiales: (1914-1918), (1939-1945). En este lapso se mueven otros acontecimientos que, de una u otra manera, influyen en el despertar de la conciencia nacional de algunos escritores: la Revolución Mexicana (1910-1918), la crisis económica de 1930, el dominio de la protesta so- cial motivada por las ideas izquierdistas. El descubrimiento de otros te rritorios por el avance de las carreteras y la introducción de la navega ción aérea son aspectos que engloban la faceta histórica del éxito edito rial de las producciones literarias criollistas. Las características más relevantes de la novela criollista hispanoa mericana, son las siguientes: a. Logro de cierta independencia de los cánones europeos. b. Descripción de una naturaleza exuberante. c. Predominio del conflicto sarmienti ano: civilización y barbarie y, por extensión, el enfrentamiento del hombre contra la naturaleza. d. Evidencia de un conocimiento geográfico, encaminado a enfatizar la presencia de la fauna y la flora tropicales. e. Riqueza de vocablos regionalistas. f. Lenguaje poético con acento post-modernista. g. Denuncia social. 2. La naturaleza: factor predominante en El Criollismo En el centro del continente americano, encontramos segmentos terri- 18 toriales cuyas condiciones climatéricas complementan un ámbito literario por excelencia: la naturaleza. Es ella la fuerza inevitable en la lucha del hombre por abrazar el camino vivificador del desarrollo de los pue- blos. En la creación literaria, la selva americana es un escenario de con trastes; ella asume el papel de fuerza viva para fundirse con el hombre; es la lucha, en un momento histórico, de la evolución social de América. La naturaleza es el símbolo de la riqueza y de la fuerza del trópi- co; en ella se fusionan los elementos y características que ella vivifi- ca como presencia de la ley divina, y del contraste: creación-destrucción ante el reto del hombre, quien lucha por someterla. Es la exuberancia de un universo verde, en el que desde una hormiga hasta el venenoso reptil tienen un lugar; desde una liana, arbusto o gua tal, hasta el protector guayacán o caoba, sirven de animadores en un es- pacio lleno de fuerza y de vida. La focalización de la naturaleza en su estado original implica la valoración y el estudio de los elementos que la componen (jungla, agua, animales, etc.); de ella surgen los elementos que darán a la novela cric llista su categoría de tendencia literaria. El valor de la naturaleza como eje predominante en la literatura - criollista se da en el enfrentamiento y el reconocimiento del hombre con la exuberancia, la fortaleza y la vastedad de un ámbito donde vibra la virginidad de la jungla americana como espectáculo único e impresionante. No de menos singularidad es la presencia de los ríos caudalosos, - que son la pujanza bravía y que, en la novela criollista, son el tesoro de las entrañas de la montaña; ríos como el Usumacinta son visualizados 19 por el hombre como engendro de la pasión selvática que emerge y corre - por la selva como fuerza viva de la naturaleza. En la novela criollista la naturaleza está reflejada en el trópico, el sol, la fuerza de la montaña, la arrolladora pasión animal del monte, el peligro, el fuego de la selva que penetra como una corriente salvaje, impetuosa y avasalladora, donde los hombres se desintegran como gusanos y la naturaleza se cierra ante ellos implacablemente. En el prólogo de la novela Ana/té, (3) el autor hace alusión a la lucha del hombre contra la naturaleza, y señala, como una decisión en lo argumental, el haber puesto a sus personajes en pugna con un ambiente - más fuerte que ellos. El predominio de la naturaleza en el relato criollista, la converti rá en el personaje central de éste. Tal fenómeno absorbe hasta la acti- vidad insignificante del ser humano en un ámbito donde la vida salvaje e indomable envuelve el interés temático. 3. El Criollismo en la literatura guatemalteca Dado el florecimiento de la novela criollista en los países de Hispanoamérica, era imposible evitar su cultivo y desarrollo en Cuaterna la, país cuyos escenarios tropicales semejan las características ambien tales de las novelas La vmágíne y Doña BdAbaka. En 1932, con la publicación de la novela El tigte, de Flavio Herre- ra, se impone el criollismo en la literatura guatemalteca, con sus pro- pios elementos representativos como lo son, entre otros, el choque entre (3) Se empleaká /a edición de 1948, citada en /a Bíb/íogita“a de !cote - eotudío. 20 civilización y barbarie, temática nativa, estilo preciosita y la presen- cia del habla popular. Treinta y cuatro de los primeros cincuenta años del presente siglo pertenecen a Térreas dictaduras (Manuel Estrada Cabrera gobierna hasta - marzo de 1920, y Jorge Ubico lo hace de 1931 a 1944) que, de una u otra manera, propician el amordazamiento intelectual y coartan la total liber tad en la expansión cultural del país. Durante el gobierno de Jorge Ubico se ensanchó la corriente crio- llista; las publicaciones de Flavio Herrera y de Carlos Wyld Ospina con- firmaron la capacidad literaria creativa de nuestros escritores, que die ron mayor importancia a la descripción paisajista que interés a la denun cía social. La novela criollista Anatté, de Mario Monteforte Toledo, mereció el Premio Nacional en 1939, y el mismo autor en el prólogo hace referencia a la mano dictatorial del gobernante al prohibir su publicación en Guate mala. (1948:7) "El autor quiso publicarlo en su patria, pero la dictadu- ra imperante no lo permitió." Respecto del gobierno del General Ubico, Cifuentes Herrera dice: (1982:28) "...nos encontramos ante un gobierno fuerte, dictatorial, que motivó la emigración de algunos intelectuales cuyo - concepto de la vida estaba en contradicción con el del ré gimen del gobernante. Los que no se fueron del país se 7 retrajeron políticamente y en lo cultural se expresaron - dentro de las tendencias de un postmodernismo que era sus tituido paulatinamente por la irrupción de las corrientes vanauardistas." 21 Es evidente que los escritores de la época prefirieron evadir el en frentamiento político con el sistema gubernamental y se refugiaron en - una corriente estilística que rendía culto a la estética literaria. Los elementos postmodernistas tuvieron tanto arraigo en la creación litera- ria y pasó mucho tiempo para que las escuelas de vanguardia borraran el efecto de la descripción paisajista en la novela escrita, en la década - del Treinta. La fuerza literaria postmodernista, que enfoca elementos propios de nuestra nacionalidad, la plantea Cifuentes Herrera así: (Ibid.) "Ese postmodernismo agónico tuvo su versión guatemalteca en una literatura vernácula, costumbrista, de la tierra, como búsqueda de lo nuestro de las verdaderas raíces ¡den tifícadoras de la nacionalidad, enriquecida por el afán - renovador de las diferentes modalidades del vanguardismo. De esta manera, la generación del Treinta eludió una con- frontación directa con la dictadura, pero preparó la semi lla para la bandera que enarbolaría la siguiente genera- ción y que culminaría con la caída de Ubico." La Gene/tau:6n del 1)(z/bata, a la que pertenece Mario Monteforte Tole do, refleja en su obra un alto espíritu por el cultivo de las letras y - una acendrada dedicación a las ideas estéticas. Todos fueron jóvenes - creadores, preocupados indiscutiblemente por la problemática de la lite- ratura nacional, por su raigambre y por la valoración del paisaje guate- malteco como elemento indispensable de esa tendencia americanista. Los elementos comunes para la mayjría de escritores de la genera- ción del Treinta, los podemos identificar con lo que nos dice Cifuentes Herrera (1982:30): "En primer lugar, un afán de expresarse literariamente y sin implicaciones políticas directas, a diferencia de la generación anterior, del veinte. También fue un senti- 22 miento común aglutinador, la exaltación de lo nuestro... en una forma más clara e interpretativa de la realidad - del contorno." Avuzité, como otra de las novelas criollistas en la literatura guate malteca, embellece el lenguaje literario y ensancha los horizontes de la novela con descripciones preciosistas, dándose con ello la madurez crio- llista al presentar el efecto delirante de la naturaleza tropical como - característica primordial de su temática. Al darse la publicación de Anct¿te, el criollismo, como movimiento - literario, adquiere fuerza y plenitud en las novelas encaminadas a esta tendencia dentro de la literatura guatemalteca. IV. ANAITE, LA NOVELA CRIOLLISTA DE MARIO MONTEFORTE T, A. El asunto: la novela Anaité y su origen en una aventura al río Usuma- cinta. He localizado material extraliterario donde consta la experiencia de un viaje realizado por el autor al río Usumacinta, el cual permite hacer una mejor valoración de la obra y explicar la fuerza de la naturaleza co mo un elemento que predomina en la novela Anaíté, Esos aspectos asuntuales de la novela, hasta hoy desconocidos en los textos de la literatura guatemalteca, nos permiten descubrir el exuberan- te mundo tropical, que sirve de marco a una de las principales narracio- nes criollistas escritas en Guatemala. Las vivencias que Mario Monteforte Toledo y sus cuatro acompañantes tuvieron en su contacto con la naturaleza durante el viaje a tierras pete neras, están explicadas en entrevista hecha a uno de ellos, el licenciado Arturo Herbrúger Asturias, y publicada en "El Imparcial" el 4 y 5 de mar- zo de 1937, en las páginas 1, 6 y 7, la cual se incluye como apéndice del presente trabajo. La novela Anaíté fue publicada en el año 1948; en el prólogo, el au tor informa haberla escrito más de diez años antes. La obra la dedica a Jorge Asturias Sierra, Gregorio Prem Beteta, Ar turo Herbrúger Asturias y Jorge Jiménez Paz, por haberlo acompañado en una aventura que originó la inspiración literaria. El miércoles 6 de agosto de 1986, el señor Arturo Herbrúger Asturias 24 me concedió una entrevista privada, durante la cual, con la cortesía y educación que le caracterizan, aceptó contestar algunas preguntas que se referían al viaje por el río Usumacinta, hace 50 años. Imbuido de un gran entusiasmo y una alegría galopante en todas sus expresiones, el licencia do Herbrúger principia a referirse, con mucha lucidez, a todos los porme- nores de la valiosa expedición: "--A finales del año 1936 decidimos, con otros muchachos, entre ellos Mario Monteforte Toledo, hacer un viaje por el río Usumacinta. Todos, mo tivados por un espíritu de aventura y la atracción de conocer el lejano Petén, dispusimos irnos por Cobán y llegar pronto al río Chixoy que nos llevaría hasta el alto Usumacinta. También queríamos poner a prueba nues tro conocimiento sobre lanchas remeras, porque era un deporte que a todos nos gustaba. Recuerdo que unos días antes de la partida, Don Alejandro Córdova - nos había ofrecido darnos financiamiento y, a cambio, nosotros escribiría mos nuestras experiencias, al final no nos dio lo ofrecido; meses después yo escribí algo y me dio diez quetzales. De las experiencias que no olvido, está: la forma peligrosa en que vencimos los rápidos de Anaité, creo que una lancha no resistió la fuerza del río y la perdimos. Recuerdo también que, en una montería a donde llegamos para descan- sar, vivía un doctor, que no recuerdo su nombre; había una patoja, creo que era su hija, muy bonita, no se me olvida que cuando nos vio a todos, se quedó boquiabierta, asustada o extrañada de ver gente chancle que lle- gaba de la ciudad capital. No olvido una noche que descansabamos en plena selva, y no nos dejó 25 dormir el griterío de muchos saraguates; fue un estrépito de rugidos. Mu chos de esos saraguates han desaparecido; yo fui 12 años después por los mismos lugares y la selva era silenciosa, como si una peste los hubiera - extinguido. Conocimos el sitio arqueológico de Piedras Negras y estando allí, de cidimos ir a conocer un grupo de lacandones. Caminamos todo un día, al fin llegamos; teníamos miedo, pero nos recibieron muy bien; conocimos al jefe llamado Santo Domingo: posteriormente Jorge Asturias junto con Mario Monteforte los trajeron a la capital y estuvieron en la feria de noviem- bre de 1938, Nuestro viaje continuó, y en Tenosique, México, conocimos a un hom- bre contrabandista y creyó que nosotros éramos espías del gobierno del ge neral Ubico; nos quería hacer alguna mala pasada; afortunadamente la espo sa nos informó de las intenciones de su marido; nosotros decidimos invi- tarlo a tomar unos "tragos", hasta que se emborrachó y optamos por salir de su casa y continuar el viaje. Posteriormente cambiamos de transporte, llegamos a Veracruz y de allí para la capital de México, de donde regresamos a Guatemala. Ya cuando - estabamos aquí, escribí una crónica en el diario "El Imparcial", donde - describí las experiencias del viaje; eso fue en los primeros meses de 1937'1 La entrevista permitió al señor Herbrúger hacer gratas reminiscencias sobre una experiencia que vive aún en su memoria. Gracias a él, el pre- sente trabajo incluye una fotografía donde se encuentra Mario Monteforte Toledo, el Lic. Herbrúger Asturias y las otras personas mencionadas ante- riormente. Al preguntarle si él consideraba que algunos personajes de la novela 26 Anaíté tenían similitud con la vida de personas de la vida real, Herbrú- ger respondió: " — Jorge Asturias Sierra, mi primo, creía que el personaje Jorge, era una alusión hacia su persona; Jorge cada vez que veía a Mariole decía: "Vos me sacaste en tu novela Anaít1 y la gente se va a reir de mi." Mario le contestaba, entre risas y palabras, que no tuviera pena, que en Gua- temala había muchos personajes conocidos llamados Jorge, pero ninguno de esos era la persona representada en su novela. Para finalizar la entrevista, Herbrúger me manifestó que él tiene no ticias constantes de Monteforte Toledo, con quien se escribe y que vendrá a Guatemala muy pronto a estrenar una obra de teatro llamada: El 4anto de luego. B. Resumen Argumental Jorge (sin apellido) viaja a las márgenes del río Usumacinta, en el Petén; su misión es explorar una región maderera concedida por el gobier- no, hacer fortuna para satisfacer las exigencias que la novia le impone para casarse con él. Antes de partir conoce a Rafael, quien lo acompaña por tierras pete- neras en donde ha vivido anteriormente. En el trayecto del río Usumacin- ta conoce las monterías; en ellas se abastece de hombres y recaba informa ción de los terrenos donde cortará maderas finas para venderlas a una com pañía extranjera. El narrador describe las monterías de José Némiga, del Dr. Wood y la de Agua Azul. De aquí en adelante le acompaña Juan Ross, quien será uno de sus ayudantes principales. 27 Cuando llegan al destino indicado, conocen y viven la furia del rfo Usumacinta, los raudales de "Anaité" y los movimientos peligrosos de su corriente. El nombre del raudal y de la montería: "Anaité", significa "flor caí da", en lengua maya. Jorge y su gente, ya establecidos en la montería "Anaité", experimen tan el enfrentamiento con la naturaleza; se inicia el corte'de madera, y el personaje medita demasiado sobre el amor que le espera en la capital, Han pasado dos años de su llegada a la selva y anhela el arribo de una carta de su novia; le extraña que ésta no le responda con la efusivi- dad y el cariño con que él escribe. Mientras Rafael, Juan Ross y Pancho Luna administran e inspeccionan los trabajos del corte de madera, Jorge decide visitar la montería del Dr. Wood, donde además de hablar sobre el negocio maderero, descubre en Carmi ta, la hija mayor del doctor, a la mujer joven llena de coqueteríaa quien identifica con una precocidad amorosa tropical. Jorge no puede evitar el encanto de Carmita y ambos se entregan amorosamente. Al regresar Jorge a la montería "Anaité", confirma que Rafael es un individuo que no goza de la confianza y amistad de los demás monteros, ex ceptuando a Pancho Luna, quien mata a un hombre por defender a su amigo. Jorge ve en Rafael al tipo impulsivo y amargado que proyecta agresividad hacia quienes le rodean. En la segunda parte de la novela, el autor describe la violenta vida y la muerte de los hombres; asimismo, el abuso de Rafael, al tomar sexual y violentamente a la mujer de Juan, sirviente de Jorge. Esta violencia - humana es descrita como un engendro del trópico selvático y de la fuerza 28 natural del ambiente que rodea toda la acción de los personajes. Después de permanecer tres años en "Anaité", Jorge se da cuenta que su necesidad de regresar a la capital, convertido en un rico maderero, se debe a su angustiada ambición y piensa que pronto llegará el día del en- cuentro final. Contrasta, con la vida de las monterías, una descripción donde Jorge y sus principales colaboradores participan en una fiesta en la ciudad me- xicana de Tenosique. Se narra de ella el encuentro de Rafael con Vergara, contrabandista mexicano que posteriormente compra a Carmita, aprovechando un desequilibrio del padre de ésta, el Dr. Wood. Asimismo, el aparecimien to de Lola, la mujer que se enamora de Rafael y que lo busca después en - la selva. Más adelante el autor mezcla la vida bárbara de la selva, como es el ataque del tigre a la montería, con la muerte de éste de manos de Jorge; la mordedura de una víbora nahuyaca que lleva a Rafael al borde dela muer te, y la discusión de Jorge con otros monteros sobre la explotación del trabajador. Abundan las descripciones de la lucha de Jorge contra la selva para poder sobrevivir, asimismo contra los hombres embrutecidos por ésta. El calor, las serpientes, la violencia del río, las fieras en acecho, la maraña de plantas y árboles despiertan pasiones viles en un mundo pri- mitivo y salvaje. Monteforte Toledo recalca sobre la injusticia y el abandono que ro- dea al indígena lacandón, y muestra lo anterior con el viaje que Jorge y sus acompañantes hacen a una pequeña comunidad, donde conoce el sistema - de vida. Habla de su amistad con Karanz, el jefe lacandón, quien le ense 29 ña la bella e interesante intimidad de su raza, Las monterías del río reciben la visita del principal empresario ma- dedero, que llega a hacer una inspección sobre el fructífero negocio en la selva; le acompaña su esposa, la señora de Freisen. Tras una efímera amistad con Jorge, ésta le confiesa su atractivo. Los rigores de la vida selvática afectan a la bella mujer extranjera que, con sus modales aristo cráticos, se convierte en una víctima de la barbarie; al enfermarse, debe abandonar urgentemente la naturaleza salvaje. Al final de la novela, Jorge no soporta más la fuerte necesidad de viajar a la capital y reunirse con la novia; su regreso a la ciudad, des pués de cuatro años de ausencia, lo hacen sentirse extraño dentro de la civilización. Cuando llega a la casa de su novia se entera que ésta se ha casado con otro. Jorge, en una actitud de ira, decepcionado de la civilización, deci- de regresar a la montería, la que encuentra totalmente destruida e incen- diada. Un lacandón le refiere que hubo un enfrentamiento armado y que Rafael, después de haber cometido el hecho, huyó con sus cómplices selva adentro. Jorge prefiere convivir con los lacandones para siempre, entre la sencillez de la gente salvaje, sistema de vida que él considerará supe rior a la refinada sociedad civilizada de la capital. C. La naturaleza en Anaité 1. Naturaleza y selva: un universo vivencial La novela Anaítj es una clara muestra de la pujanza de una parte del territorio guatemalteco: las márgenes del río Usumacinta y la exube- 30 rante selva petenera; así, Mario Monteforte Toledo hace, en el prólogo de la obra, una mención al ámbito, donde ya se establece un vínculo con la temeraria aventura del hombre de acercarse a la naturaleza (1948:8): "Quiso tratar en este libro la lucha del hombre contra la naturaleza en un país donde ésta es veril de salvación ro mántida y amenaza de los seres superiores," Asimismo, se atisba un enfoque de característico criollismo, donde surge la majestuosa estampa de la vida salvaje e indomable, ...poner a sus personajes en pugna con un ambiente más fuerte que ellos.' A continuación hace un reconocimiento a esa naturaleza y selva en un entorno geográfico determinado dentro del contexto nacional, cuando dice (1948;10): "Son estas páginas de gran sinceridad, casi de sumisa reve rencia ante la belleza cruda de las selvas de Guatemala." Esta referencia al ámbito de la novela, que Monteforte Toledo hace, quedó plasmada en el prólogo, cuando dice Ibid); .,.los capítulos de Anaité están organizados con la se- cuencia de una crónica, una especie de itinerario que tie- ne sus jalones en las márgenes del río Usumacinta, desde las peñas tierrafrianas donde nace hasta las sombras de la jungla, donde los árboles tienen más envergadura que las aguas." La identificación que el autor hace de la selva y naturaleza, como escenario donde emergerá el florecimiento frecuente de las formas en la descripción y la combinación del paisaje, es también la lucha de la vida, vegetal y animal en disputa dentro del cosmos natural (1948:53): 31 "Así se disputaba la vida; centímetro a centímetro. Del agua venía la pujanza nueva; de la montaña salía por la no che el hambre, la necesidad, que también era la vida," Es el anterior un mensaje de creación y de génesis científico que re presentan naturaleza y selva como sinónimo de vida, y que ésta provino del agua. Cuando se menciona el ámbito dentro de la selva petenera, se recono- ce al trópico, el lugar cuyas características elevan a condición de lucha ambiental el acercamiento estratégico del hombre hacia ésta, Leamos (1948:73): "A la entrada de la selva reposó la caravana, con su puña- do de ambiciones y su mañana desconocida. Allí tendría que hacerse la obra entera y la fortuna. Los monos brama- ban a intervalos en sus inexpugnables ramas. Entre la noche una araña gigante bordaba su silencio en te la plateada." Aunque la cita anterior no es más que una realidad de enfrentamiento naturaleza-empresa humana, se manifiesta el peligro y la incertidumbre la tente de un medio inseguro y salvaje. La naturaleza, en este caso la selva, también puede constituirse en compañía para que el hombre doblegue su soledad, pero a la vez ésta es va lorada en sus efectos positivos cuando el autor narra (1948:96): "Porque allá a media selva, donde siempre había cierta ter nura húmeda, se conseguía la soledad más fecunda que podía encontrar un hombre.' Es necesario mencionar que, en la descripción sobre la importancia que selva y naturaleza tienen como parte del escenario en la novela Anaíté, se presenta también un criollismo modemt,óta, fecunda corriente artística 32 que condiciona la descripción realista a un cuidadoso manejo del aspecto formal del idioma. Una y otro ofrecen unidad estética a la narración. La combinación del paisaje con un sinfónico panorama de la vida sel- vática, engrandece la objetividad y el equilibrio del relato, permanece lo importante de expresar la belleza de la selva y de la naturaleza en afi nidad con el movimiento de animales, fenómeno antitético de la violencia salvaje (1948:110): "Allá adentro todo era más bello. Era verdad. Los loros armaban un fárrago inaudito y las guacamayas volaban más bajo que en las márgenes del río. Miríadas de pájaros ha- cían una corona alrededor de cada árbol. Los espumuyes de cuello negro se hacían el amor entre los macizos. A veces irrumpía una cadena de micos que se iba perdiendo entre - las ramas con una gritería eslabonada; más tarde maullaban las fieras." Esta vida animal, salvaje, va adentrándonos en las raíces de una pro porción selvática que, en determinado momento, refleja el equilibrio de las fuerzas naturales en conflicto, fuerzas que la vida misma controla co mo una ley nacida del exuberante torrente tropical. Dentro de la temática de la novela criollista, es la naturaleza la - que representa papel protagonístico; ella reflejando una majestuosa estam pa de la vida salvaje e indomable; su temática va adherida a la creación de belleza espontánea, que eleva a dicha naturaleza a la categoría de per sonaje central; de esta manera todos los fenómenos que ella genera minus- valoran la condición humana, relegando a la impotencia vital su acerca- miento a ella, propiciando un efecto de absorción. Leamos (1948:145): "Una sumisión a la selva, a la palabra candente y autorita ria del sol del trópico, que empollaba fuerza atómica en tre el bosque.'' 33 El papel de la naturaleza, en la cita anterior, patentiza que todo - lo que aquella encierra (el hombre absorbido y supeditado a su fuerza) des pierta resentimientos motivados por la magnitud del trópico y sus conse- cuencias naturales. El ámbito real de la novela Anaít1 surge del acercamiento del hombre con la verdadera selva, espacio donde el peligro engendrado por ésta no es una excepción, sino la descripción normal del enfrentamiento del hom- bre con sus enemigos comunes. De esta apreciación surge el interés de men cionar, en la mayoría de novelas criollistas en la literatura guatemalte- ca, el aparecimiento de fieras, víboras, plagas y otras manifestaciones que la naturaleza, a través de la selva, envía al hombre para acrecentar su poder de defensa y agresividad a la vez. Así, el tigre, rey de la selva tropical, es descrito por Monteforte Toledo como un guardián celoso de la violación que el hombre hace de sus dominios (1948:149): "Ciertas noches llegaba el tigre. Agazapado al borde de la selva, se relamía al otear la redonda carne de los bueyes, que se agitaban y mugían atemorizados. Algún montero des pertaba y lograba ver los ojos ividescentes de la fiera; - pero cuando apuntaba la escopeta ya se había ido, y los pe rros no venteaban de noche. El montero volvía a tumbarse en la hamaca y el tigre rugía de hambre en lo apretado del bosque, mientras los pájaros se esponjaban medrosamente y los animales se pegaban unos con otros. En las altas horquetas distendía los anillos su sueño pas- toso una boa gigantesca." Vemos como los elementos de contraste, en la cita anterior, alcanzan un nivel de movimiento y tensión gracias a los peligros de la selva en sus diferentes dimensiones; peligros que ubican a los animales en sus estra- tos de supervivencia dentro de un ambiente competitivo. Así vemos que tigre, hombre y demás animales conviven en los peli- 34 gros de una selva cómplice y voraz que encarna a la naturaleza en su fuer za de equilibrio vital. Para concluir el campo literario referido a la importancia de la na- turaleza y la selva en la novela AnaLté, haré referencia a la manera cómo la germinación, en función de sinónimo de vida, alcanza una fuerza genera tiva y lleva al plano de la exuberancia universal el clamor y la necesi- dad de multiplicar una existencia natural entre vegetales y animales. Asimismo, contrapone la vivencia temática al peligro y la muerte que la misma selva engendra, respetando leyes naturales de existencia ecológi ca (1948:258): "Todo nace: los hijos de los árboles y de las aguas y de - las montañas; llegan los monteros con nidadas de tortugas, los pececillos nuevos, con crías de animales del bosque, - con pichones peludos y boquiabiertos, con guardabarrancas y cenzontles que aún no saben cantar, Hay que cuidarse la culebra está en mala luna y lleva cien muertes concentra- das en sus glándulas repletas. Se han levantado las plagas y los moscos zumban en densas capas," La naturaleza y la selva representan un campo salvaje de existencia, donde la vida, en función de colectividad, genera germinación y muerte pa ra mantener como una Ley ckvína los principios mismos de la naturaleza. 2. Fuerza y belleza de la naturaleza El primer rasgo de interés que sobresale en la temática de la no vela Anaíté, es la vigorosa presentación de la naturaleza en la descrip- ción de la fuerza en concomitancia con la belleza. Este contraste hace que el ámbito sobresalga a través de sus compo- nentes (vegetales, animales, minerales, etc.) y se equilibran por el peso de sus mismas leyes, que hacen del relato criollista una elevación del 35 mundo natural. Esta fuerza y belleza son elementos claves y se presentan con características de oposición y contraste. En ese marco de oposición y equilibrio, Mario Monteforte Toledo viví fica el ámbito donde se da el paralelismo de fuerza y belleza y lo descri be así (1948:18): "La embarcación se había convertido en una brizna. El agua mostraba su fuerza enroscada entre lo negro de sus entra- ñas... la tarde se ha puesto gris y guacas y loros rajan - sus pechos en el viento, con su traquido de juguetes mecáni cos. Entre la penumbra y el abrazo que se dan el río, el cielo y la montaña, brillan las primeras luces de la monte ría." La cita anterior hace referencia a los primeros momentos donde se da el contacto de los hombres en el impetuoso caudal selvático, evidenciándo se una realidad de fuerza y belleza, elementos claves en la obra, como ya se dijo. Para describir la belleza, el autor utiliza recursos poéticos (1948: 23): "La noche no se parecía a ninguna y el río musitaba su len gua incomprensible," Además de la calma que plantea la noche, se entrevé la fuerza pasiva del río la que, dentro de su tranquilidad, denota un silencio propio de su naturaleza, De igual manera, vemos cómo la noche se apodera de la fuerza de la - naturaleza, como si la adormeciera para revivirla después (1948:23): "Todo había callado. Un vapor sólido llenaba la noche; los mosquitos silbaban rabiosamente fuera del pabellón," El río Usumacinta es, en Anaité, presencia determinante (1948:25): 36 "El río seguía susurando su historia muerta de agua erran- te," Sin mucho profundizar en los elementos poéticos del contexto anterior se puede valorar la belleza del río en contraste con la vida natural que lo rodea. La temporalidad descrita en un ámbito natural no elimina el contras- te de la belleza en relación con los cambios que la fuerza de la naturale za encarna. También advertimos la agresividad del sol y el enfrentamien- to día-noche en la revelación de un instante de cambio (1948:27): "Ahí todo cambiaba en una noche, Hasta el cielo parecía una hechura nueva tras los dementes rayos del soy que se filtraban por la palma de los techos; hasta el río lleva- ba yerbajos de tonos chillones. Las garzas bajaban preca vidas y se fugaban en parábolas abiertas," Espacio, tiempo y movimiento; tres elementos que hasta la página 27 de la novela, son parte de la descripción del ambiente en el que se forja la belleza del contraste mundo anima/ y mundo vegetal, dando como resultan te una ampliación de la naturaleza selvática. También el mundo animal es belleza que, dentro del peligro y la fuer za de la selva, atestiguan con sus movimientos el paraíso de un mundo que pretende ser el remanso de esa belleza natural: aves, montaña, vida, movi miento, etc. Leamos cómo lo describe Monteforte Toledo (1948:29): "Los pájaros goteaban desde los árboles sus cantos de mon- taña. Una ardilla daba un salto de redondel de circode un tallo a otro y se quedaba coqueteando. Loros y peritas protegidos por la clorofila interminable, parloteaban por todas partes. Una orquídea morada salía de entre los dedos de una horqueta." Y se da una aceptación del sistema vivencial que se refleja en dicho 37 ámbito, no importando el agitado trabajo que implica existir en la selva (1948:29): "Se respiraba a plenos pulmones aquella vida intensa." Una naturaleza asfixiante se manifiesta ante el hombre quela enfren ta (1948:29): "El calor era sofocante y la selva pugnaba por abrumar a los intrusos con la maraña viva de sus árboles," Sublime momento en el que la selva contrapone su fuerza destructora al encanto poético de la belleza, y satura la atmósfera con el sonido vi- vificador del descanso (1948:34)•: "Dentro del bosque, una algarabía de pájaros ayudaba a dar a la hora su tono dulce y difumado." Más adelante, siempre dentro del marco de la belleza y teniendo como recurso el elemento poético, Monteforte Toledo acude a la descripción del color para resaltar la fuerza de la naturaleza (1948:36): "Los pájaros callaron. Resbalando entre las hojas, caían al camino como borbotones de sangre los últimos rayos del sol." Aunque el modernismo es una escuela literaria que ya no tiene vigen- cia en la década de 1930, la novela criollista posee cierto remanente es- tético de aquél, en el uso de elementos sinestésicos; novelas como Anaít/ describen la belleza de la naturaleza con la fuerza de una luminosidad exótica. El autor nos describe un espacio temporal con movimiento e ilumina- ción, donde resaltan estéticamente el equilibrio de los diferentes elemen tos de la selva. Leamos (1948: 44, 45): 38 "Había un cristalino despilfarro de estrellas en la albora da." "Las últimas sombras se retorcían bajo la arboleda de las márgenes. El sol se veía de nuevo, lujuriante, corola pun ta de una lengua rosada, entre la gritería de los animales y el vuelo parsimonioso de las aves." "Las guacas pasaban clamorosamente sobre la cinta del río. Pájaros a millares confundiendo sus trinos con el polvillo de la mañana. Un grueso ronquido de monos enredado a los troncos de los árboles seculares." En el último párrafo citado, Monteforte Toledo principia por hacer - señalamientos de cómo, a través de la visualización de los componentes selváticos (animales - vegetales), se establece un equilibrio entre fuerza y belleza en el ambiente singular de la barbarie. Además, es el mismo misterio salvaje donde la temporalidad y el espa cio acaparan el interés del narrador. Hay un momento en la novela AnaLté, donde la realidad del ambiente selvático se desplaza hacia estratos más - fuertes y, de la dicotomía fuerza-belleza de la naturaleza, surge el de- sorden y la violencia, todo ante el crecimiento de campos climatéricos, dando realismo a la narración (1948:96): "El sol, terrible como un pedazo de hierro al rojo blanco, parecía derretir las yerbas del calvero; los animales se - escondían bajo los techos de palma y el bosque exudaba lo mismo que una bestia cogida por sorpresa en medio de un in menso campo destapado." Lo anterior es el efluvio de un trópico desenfrenado que hiere inclu so a los animales y plantas, con los rigores de su fuerza exuberantey aya salladora. 3. El río Usumacinta_y los raudales de "Anai té' En el ámbito de la novela, que es fundamentalmente la naturaleza 39 que rodea el río Usumacinta, figura la esencialidad de lo bello, de lo - misterioso y también de lo profundamente salvaje. Al referirse el autor a Tavín Almeida, uno de los personajes que en raiza su vida al río y que por reyertas violentas tuvo que buscar el refu gio de la selva, dice así (1948:62): "Tavín hubo de huir y se refugió en el Usumacinta," Se deduce que, dentro de la misma fuerza que ejerce el río y sus al- rededores, éste crea un mundo secreto, misterioso y cómplice donde el mis mo calor de la naturaleza absorbe el olvido del pasado y engendra un tipo de individuo hecho a su semejanza para poder sobrevivir. Asimismo, los hombres que valoran sus circunstancias y el medio que los rodea ejemplifican, con el río, la utilidad y la sobrevivencia (.1948: 64): "--Te vas ahora mismo, borracho: Ya no sirves ni para el río." Unido a las valoraciones anteriores, también se hace un enfoque de la importancia del río Usumacinta en la tarea destructora de la explotación de la madera. Los personajes manifiestan sus deseos de compartir con la selva. Respecto del personaje Juan Ross (1948:65): "Esperaba la oportunidad de salir de las casas para trotar libremente bajo los árboles y ver como se derrumbaría la - montaña por la arteria desnuda del río," El papel de la naturaleza en la selva puede identificarse en diferen tes campos: la jungla (mundo vegetal), el reino animal, fenómenos atmosfé ricos, el agua, etc. En la novela AnaLt/ aparece la fusión de los facto- res anteriormente mencionados, pero es necesario describir la importancia 40 y el campo relevante que ofrece la fuerza del río, ya que éste ocupa un - lugar de mayor interés temático en la obra. El río Usumacinta identifica un ámbito geográfico dentro de la lite- ratura guatemalteca, ya que sirve de escenario, con su prodigiosa belleza, para mostrar el drama del hombre en toda su fuerza, haciendo gravitar so bre él todos los conflictos que se le plantean. Mario Monteforte Toledo, hace un enfoque descriptivo de la naturale- za exuberante, aunado al peligro y fuerza que emanan del río (1948:66): "A los pies de los acantilados, que formaban pétreas mura- llas, las aguas del Usumacinta se estrechaban hasta menos de cien metros; el río echaba borbotones de espuma y rugi- dos impresionantes. Era el raudal de Anaité: el paso más temido de todo el curso de la vía fluvial, desde el Peyán, en Guatemala; hasta el estuario de puerto Obregón, en el - Golfo de México," La identificación de la zona geográfica petenera trae un mundo asocia do al abandono y barbarie, donde la presencia del río Usumacinta refleja el cosmos que el autor quiere dar a conocer instrumentalizando la litera- tura con un fin estético, como lo es plantear la rústica belleza de las selvas de Guatemala. Seymour Menton (1960247) dice: "No cabe duda de que el propósito principal de Anaité fue captar la barbarie de la región remota del Petén". Con la identificación del nombre "Anaité", ligado a los fuertes rau- dales del río Usumacinta, aparecen las primeras manifestaciones del en- frentamiento del hombre con la naturaleza en la novela criollista, ya que se va a dar una relación con la tradición hombre-río, como un arraigo con la naturaleza. El personaje Gaspar De la Cruz es el hombre que ha dejado su expe- riencia en el manejo y conocimiento de los raudales del río Usumacinta, 41 especialmente los raudales de Anaité (1948:67): "Su nombre estaba ligado a la fama trágica de Anaité, No había una canoa que se atreviera a bajar sin que Gaspar la patronara... Conocía las reconditeces del raudal como la piel de una vieja amada." La absorción que la naturaleza, a través del río, había hecho de Gas par, no era más que el resultado de un enfrentamiento con las fuerzas de la naturaleza y la evidencia constante de acrecentar la experiencia de és te en el dominio del ambiente (1948:69): "La lancha adquiría cada vez mayor velocidad; las corrien- tes se entrecruzaban como las fibras de un lazo, y se le- vantaban enormes olas amenazando arrollar la embarcación." El autor hace énfasis en la asociación de los raudales de Anaité,con la fuerza entrañable del río como parte de la naturaleza salvaje del Pe- tén; a la vez, eleva el nombre a la categoría de la obra, como sinónimo de fuerza, de lucha, pero sublimiza el significado de Anaité, con una hu- manación nacida de la propia naturaleza del río. Al respecto el persona- je Juan Ross refiere (1948:70): "Anaité — prosiguió el viejo COMO hablando consigo mismo —: "Flor Caída", en maya. Hasta el nombre es hermoso, Debe haber sido una leyenda olvidada en torno a este lugar, de alguna princesa muerta en sus corrientes. Quien sabe!" La descripción que Monteforte Toledo hace de los raudales demuestra, con todo realismo, el peligro que enfrenta el hombre por conquistar el - mundo avasallador de la naturaleza; se creería que el mismo río obstaculi za, con su fuerza y movimiento, que los sitios recónditos y vírgenes sean conocidos por un hombre que, para sobrevivir, tiene que destruir (1948:70): 42 canoa resbalaba sobre una pailón; luego dos mo turbia se elevaban por los costados comprimiera , que crujía lastimeramente; desaparecía la vi márgenes cortadas a tajo, para aparecer de nue cayuco era levantado en vilo en el lomodeuni remolino, De la Cruz quedó de proero, mientras gritaba atolondrado detrás; pero de nuevo la ró su posición y se desprendió de la fuerza - el zurdidor como impelida por una explosión." Puede decirse que la fuerza de la tierra tiene un efecto convultivo, como un espíritu nacido de la leyenda y que, a través de los raudales, - germina como guardián de las interioridades de la selva, reaccionando an- te la presencia de alguien que intenta romper el mito y el misterio que guarda y protege la naturaleza. El significado y fuerza argumental del río, dentro de la novela, al canza universalidad, a la vez que se convierte en un microcosmos, donde la fuerza que teje la actividad de todos los seres que habitan en él está - fuertemente ligada al destino de su vida, al camino inevitable de la ab- sorción del medio y supeditada a su misma fuerza natural, haciéndoles par te de ella (1948:121): "Aquí todo es hijo del río; los animales son pardos, como las aguas; el horizonte está confundido con las riberas, - los árboles dejan los troncos bajo el corrental, y todo se deja llevar como si el agua fuese su destino último. Estos hombres son lo mismo que los cayucos hijos del río, lleva- dos de la corriente. La selva les ha hecho perder la no- ción del tiempo y de la muerte; por eso desconfían de su trabajo: porque se fijan en un lugar determinado en una ta rea, mientras algo más fuerte los arrastra." El río es fuerza donde los personajes crean un espacio vivencial al- rededor de él; puede definirse como una imanación que el trópico selváti- co va acrecentando en el hombre, y también donde se evidencia un monstruo (río-selva) que personifica la tragedia. "A veces la les de agua do la madera sual de las vo cuando el ola. En un que el otro lancha recob centrípeta d 43 La permanencia del hombre dentro de la región, dominada por la fuer- za del río, va creando un mayor acercamiento hacia las convicciones de la persona que admite progresivamente una aceptación del poder ambiental,que va reduciendo su capacidad de humanación, como instrumento vivo de la na- turaleza, sujetándose a las leyes que el río le impone. Leamos (1948:124): "Allí se comprendía mejor que todo era hijo del río: las lianas que se estiraban como hule crudo; los musgos que - arropaban la añosídad nudosa de los árboles; el paxte que algodonaba las ramas, Todo se estrellaba en las paredes de esa bóveda; hasta el pensamiento pegaba contra el bos- que como una mariposa enloquecida, Y en la proliferación poderosa del limo húmedo, los hombres anclaban sus ansias, haciéndose también río y selva." La enumeración y descripción de elementos vegetales dan importancia al relato, empequeñecen la figura humana y hacen resaltar el juego de la naturaleza vegetal con la indefensa condición enajenante de los monteros. Hay asimismo, en la proyección descriptiva de una naturaleza especta- cular a través del río Usumacinta, una constante evocación del poder absor bente en todo lo que le rodea: vida y muerte enlazadas en las leyes que - sostienen su propia existencia. El aparecimiento del movimiento criollista en la novela hispanoameri- cana tiene, entre uno de sus propósitos, la revaloración de un individuo nuevo, que tome los ideales propios de nuestra tierra americana y es, den- tro del marco valorativo, donde la novela AnaLM describe cómo el hombre que deambula, junto a sus intereses en las márgenes del río, demuestra una identificación con los cambios de ideales y su adaptación a una escala de valores diferente a la que normó su vida dentro de la civilización (1948: 262): 44 "En el río Usumacinta hay una moneda, fuera de circulación para los que no comercian con el corazón en la mano; para "los nuevos", a quienes aún no ha mordido el sol hasta el revés de las venas: la moneda de la lealtad." D. Civilización-Barbarie 1. Enfrentamiento En las páginas anteriores se hace mención descriptiva del poder avasallador de la naturaleza en la mayoría de campos, donde su fuerza se confunde con la belleza del paisaje. La presencia del hombre queda reducida a su mínima condición, dentro de un ámbito que, conforme se va conociendo, agiganta la fuerza con que aniquila y absorbe la figura humana. La novela criollista sistematiza, en su proyección literaria, una en señanza de reminiscencia neoclásica: se debe aceptar la fuerza y predomi- nio de la naturaleza por encima del individuo mismo; ese elemento lleva - al hombre a aceptar la hegemonía y condicionamiento de la naturaleza como creadora del mundo que lo rodea. Sin embargo, es el espíritu de lucha del hombre, la indagación del mundo desconocido en la naturaleza, el que genera un reto en la búsqueda de un enfrentamiento tan desigual. La novela Ana té pretende en su temática enfrentar al protagonista, Jorge (sin apellido) con la selva petenera; su afán es explotar, en las márgenes del río Usumacinta, selvas de maderas finas, cuyo producto le per mita ganar mucho dinero y así ofrecer, a la novia que ha dejado en la ca- pital de Guatemala, mejores condiciones económicas para que ella acepte casarse con él. 45 Al ubicar a Jorge en ese ámbito, Monteforte Toledo hace la siguiente descripción, en la que se manifiesta un conflicto por vencer y dominar un mundo extraño y aún virgen: (1948:71): "Jorge miró pasmado aquella montaña apretada, hirsuta, hos til, donde habría que robar el último palmo a un terreno - intocado; habría que derribar los enormes árboles orille- ros, aplanar los tronconales, hacer las champas, limpiar.„" Es evidente que Jorge idealiza un cambio de algo que, al transformar- se, se convertirá en un nuevo campo de vida: (Idem) ".„ir convirtiendo la selva en cosa amable, sumisa." Juntamente con el cambio que el personaje quiere lograr en la selva, se da cuenta de la realidad que le rodea y experimenta desencanto al com- pararse con ella. "...Jorge midió lo que faltaba para aquella tarea gigantes ca y se sintió pequeño y sin fuerzas." Tal característica permite clasificar a Anaité como novela criollis- ta. Se presentan descripciones donde el hombre ve amenazada su existen- cia dentro de la selva, por la presencia inminente del peligro como señal de muerte; así, Anaíté es una evocación constante de la fulminante ser- piente nahuyaca, que representa la síntesis de todos los peligros de la selva, fiel guardián que, con su mimetismo, logra esconderse en posición de reto y horror (1948:72): "— Don Jorge, la nahuyaca— iLevántese de allí! Jorge dio un salto desastrado: a unos pasos de donde había soñado - el sueño despierto de todos los que van a iniciar algo gran de, erguía la horrible cabeza amenazadora una culebra ata- bacada con rombos negros sobre el lomo, la lengua vibrátil fuera de las fauces entreabiertas." 46 La nahuyaca es reptil temible y silencioso, En ella la naturaleza - delega la destrucción de quienes invaden su territorio: la selva, Más adelante, en el desarrollo temático de la novela, nuevamente re- viste interés la aparición del peligro mortífero que representa el ataque de la selva a través de la nahuyaca, pero esta vez no es Jorge, el perso- naje central, el que la enfrenta, sino Rafael, quien vive el abrazo de la muerte como consecuencia de la mordedura de la víbora (1948:212): "Partiendo la espesura, se oyó inesperadamente un espanto- so grito de dolor, luego otro, más ronco tumbado sobre el monte, Rafael apretaba la pierna con el pañuelo, haciéndo- se al mismo tiempo con el cuchillo despiadadas heridas has ta el tobillo. Estaba intensamente pálido y los ojos par; cían querérsele salir de las órbitas, llorosos y con la san gre agolpada. Con la punta del cuchillo señaló hacia un - matorral; los monteros comprendieron: la nahuyaca, la más terrible encarnación de la muerte en la selva. Había mala luna y el veneno era mortífero. Un hombre corrió machete en mano al matorral, y levantó cautamente las ramas. Entre su propia sangre se retorcía la culebra, con la cabeza des tripada; se adivinaba que Rafael la había matado aún antes de curarse; esa era la ley de la selva,' Notamos una dramática descripción en la figura de Rafael; los efectos trágicos y violentos de la mordedura y el esfuerzo que hace éste para ami norar los efectos del veneno, al hacerse con el cuchillo, hondas incisio- nes en la zona atacada; mayor es el desconsuelo en el relato cuando el au tor dice: "Había mala luna y el veneno era mortífero." Además del peligro al que está sometido el hombre en la selva y su - mundo animal, hay también algunos espacios temporales donde se evidencian efectos emocionales de Jorge, en los que siente desesperación por el calor de la selva, además de una agonía y angustia por luchar contra un medio que nunca vencerá. 47 Vemos cómo Jorge presiente que lo absorbe la barbarie, cómo experi- menta el calor tropical y dice (1948:83): "Siento como si bajo los zapatos me calentara demasiado es ta lava hirviendo que hay en el suelo del Petén; me deses7 pera contar meses y meses, como si estuviera amontonando - paletadas de tierra sobre algo que jamás podré recobrar." Hpy en la cita, un plano simbólico que denota el fracaso o la derro- ta del hombre, en un enfrentamiento donde se predice que la selva agobia y ofusca por su mostruosidad. Al igual que la mayoría de novelas hispanoamericanas donde se plantea el enfrentamiento del hombre contra la naturaleza, Anaíté tiene capítulos donde pone a sus personajes en pugna, Enfrentamiento donde también el - tiempo recoge los cambios que pueden sucederse en la majestuosa estampa de la vida salvaje e indomable. Veamos un ejemplo de lo afirmado (1948:95): "Y vivían con fuerza, salvajemente, igual que si fueran a morir al próximo momento, quizás misteriosamente adverti- dos por la naturaleza que con todo y su permanencia sóli- da, cambiaba por segundos, vertiginosamente, Allí había dos grandes seres, más bien dicho, uno grande y el otro chico: La selva y el hombre: más valía entenderlo a tiem- po, antes de confiarse demasiado a los demás hombres, igual mente amedrentados por todos los misterios de los bosques 7" Ese afán de sobrevivir que experimenta el hombre provoca una incerti dumbre sobre el futuro de su existencia; sobre todo, por lo enigmático de la selva. Esta le hace sentir determinada inestabilidad, nacida de lo - misterioso del campo vivencial. La muerte dentro de la selva es uno de los resultados finales que pueden establecerse como una constante criollista en la novela Anaité. La selva se defiende de sus verdugos, al final, el hombre resulta vencido. 48 El personaje Enrique Novelo hace mención sobre la muerte constante - en la selva (1948:153): "Aquí todo lo que tenemos es prestado, eso es lo malo; to dos los días pasamos rozando espinas emponzoñadas, árboles envenenados, nahuyacas, jimbas; quién sabe cuántas veces - hemos tenido un animalito de semejante porte a media vara, sin darnos cuenta. Los mosquitos, los palos que se caen,.. todo; por eso creo que acabaremos en nuestra ley." Se comprende que, en el hombre de la selva, la vida pierde su relati- vo sentido de propiedad, ya que en ella el peligro es constante, toda vez que hay desconocimiento de la acechanza de los elementos vegetales y anima les que representan la muerte. Vimos cómo el hombre, al enredar sus inquietudes con la aventura, va ganando la selva, y se enfrenta a determinadas pruebas de supervivencia que le van dando la experiencia que día a día solidifica su estancia en - un mundo saturado de peligro. El tigre, figura felina que engendra el acoso, la violencia y la muer te, como concepción de la barbarie, es uno de los símbolos que están pre- sentes también en la novelística criollista guatemalteca, de la cual AnaLt forma parte. El mundo animal de la selva petenera tiene, en el tigre, al jerarca, amo y señor del peligro en el acecho de la muerte. Así, Monteforte Tole do describe el enfrentamiento de la fiera contra el hombre, como sinónimo de la civilización y la barbarie (1948:181): "— iEl tigre, el tigre! Ventearon la noche; ahí, a unos metros, gritaba con deses- peración casi humana la mula, mientras la fiera le ensarta ba las uñas en el lomo. Jorge saltó de la hamaca, escopeta en mano. Sigilosamente fue avanzando, seguido de los otros y encendió súbitamente la linterna; la fiera y la bestia quedaron un instante in- 49 móviles, y la escopeta vomitó fuego por sus dos cañones, - El tigre dio un salto y quedó en tierra, temblando, Guin- daron al tigre entre las ramas; luego se echaron a dormir de nuevo, sonriendo en su sueño montañoso, perdido bajo la selva cálida, La cita anterior es un claro ejemplo del enfrentamiento que ofrece - la naturaleza a través de la fiera y la civilización representada por la bestia humana, quien, en su lucha por sobrevivir en un ámbito hostily sal vaje, tiene que matar; posteriormente viene la satisfacción de saberse - vencedor. Dentro del núcleo de enfrentamiento cívítízacíon-banbaníe, es necesa rio utilizar recursos y ejemplos argumentales, para demostrar cómo la na- turaleza desempeña el papel de vencedora, cuando se describe el fracaso del hombre que lleva tecnología a la selva para hacer en sus entrañas un camino que sólo queda en proyecto. La selva vence a la civilización, y la tecnología sucumbe ante la fuerza selvática (1948:182): "Al fin el camino tomaba anchura y el lodo se hacía más lí quido. A un lado una maquinaria herrumbrosa e inservible hablaba de pasados esfuerzos para trazar un camino decente. Una montería se había hundido en la empresa y ahora los - tractores llenos de orín y de plantas silvestres, levanta- ban al cielo, coro las patas de los animales vencidos, sus engranajes y sus pernos, mientras la montaña, que había ga nado la partida, les echaba encima mazos de bejuco y raí-- ces abrazadoras." Vemos cómo el hombre, aun valiéndose de la tecnología, no logra ven- cer la fuerza natural que opone la montaña, desistiendo de una empresa donde se manifiesta que sus esfuerzos se ven vencidos por la barbarie: el mundo natural, la selva. En los últimos capítulos de la novela, el autor narra la llegada a "Anaité" del señor y señora Freisen, quienes van con intención de supervi 50 visar y conocer las monterías del Usumacinta, las cuales proveen madera a la compañía que ellos representan. La señora Freisen toma como un descan so y distracción el conocimiento de la selva petenera; hace amistad con Jorge y se adapta al medio pero, posteriormente, enferma y abandona la mon tería (1948:283): "La temporada quedó trunca: la señora de don Otto tenía una fiebre altísima, Las lanchas partieron inmediatamen- te desde Anaité. Se notaba el vacío que había dejado la risa de la bella ci tadina. Después ganó la selva, y cuando se veía caer, az: tando las ramas en estertores de muerte, a una gran ave, o cuando se velaba a un tigre merodeador de la piara o del corral, los días que la mujer de ciudad había ido a perder en los poblados de la selva se hacían vagos e irreales. El resultado del enfrentamiento es la victoria de la selva sobre la mujer blanca, extranjera, que no pudo adaptarse al medio y vencerlo. 2. Violencia y muerte: resultado de la barbarie En la novela Anaitl, Hay vigorosos capítulos donde trasciende la fuerza del trópico, el clima caluroso que emana del medio ambiente, en el que las pasiones y los sentimientos del hombre son objeto de cambio. La lucha por dominar un territorio, donde factores y circunstancias se enfrentan entre sí, representa la principal motivación para la violen- cia y la muerte, resultantes naturales de un estado donde la barbarie fi- ja su proyección de dominio ambiental. El ser humano ve absorbido su potencial de tranquilidad por un medio natural selvático, en el que confluye la lucha de animales y plantas por ganar un espacio dentro de estratos salvajes competitivos. El hombre ve minimizada su conducta racional ante la turbulencia salvaje de un micro- cosmos que le hace revivir sus instintos violentos, sus degradaciones 51 espirituales (envidias, orgullo, celos, etc.) y lo llevan a engendrar ac- titudes que lo deshumanizan. Monteforte Toledo alude a la agresividad de los monteros, personajes comunes de la novela, y los describe en un ámbito de fuerza y violencia (1948:42): "Un montero, con el pelo rebelde sobre la cara, empujó ru- damente a otro; sus enormes manos despedazaron la ropa con movimientos crispados. El otro echó mano a la navaja; el montero sacó la suya... cuando después de una instantánea algarabía bajo la luz de espanto de la madrugada, la sangre goteó la tierra, aparecieron los patrones con el revólver brillándoles en la mano." La muerte es señalada en la novela Anaíté como un efecto del lujurian te impulso agresivo del hombre en un ámbito saturado de fuerza y salvajis- mo. También vemos que ese conflicto entre hombres nace, en ocasiones, por la autosuficiencia y el potencial anímico de su conducta impulsiva, provo- cando con ello un choque de voluntades. Leamos (1948:115): "El montero enarboló rápidamente el machete. Don Juan con increíble celeridad, le aferró la muñeca y le hizo botar el arma con un esfuerzo que le inflamó las venas del cue- llo; luego tumbó a Galán de un golpe. El montero se paró de nuevo, borbotando insultos y se abalanzó sobre el viejo beliceño, quien le esperaba desde la tranquilidad armada de sus seis pies de altura y le asestó una tunda fenomenal. Galán caía y don Juan lo incorporaba para propinarle un nuevo puñetazo; hasta que el tabasqueño quedó jadeando en tre las astillas de la madera, con la cara amoratada." Se analiza, a través de la velocidad descriptiva de la cita anterior, un juego de efectos violentos, nacidos de la emotividad de los protagonis tas, que dentro del conflicto de sus pasiones machistas, llegan a la agre sión brutal de la integridad física, provocando acciones que pueden llegar hasta la muerte del contrincante. 52 También vemos cómo, dentro de los efectos violentos que se viven en la selva, el hombre reacciona contra el medio que lo absorbe, actuando co mo si fuera una continuidad de la naturaleza. En la cita siguiente se evidencia que el hombre de la selva actúa co mo un resultado de la fuerza tropical (1948:122): "Estos hombres son la inmediata continuidad del mundo en que viven; no es ni su habilidad ni su experiencia lo que los hace oir a los animales a distancia y manejar velozmen te el machete. Pero esta continuidad no les llega demasia do hondo; con sus violencias y sus pasiones envainadas, se vengan de un mundo que no pueden domar y por eso destruyen. Un montero sabe cortar, romper, apachar admirablemente; pe ro es muy difícil sacar de entre ellos a un buen buscador de madera, que al fin y al cabo es un creador. Por su cuen ta serían dinamiteros, para acabar más violentamente con - estas montañas cuyas uñas se les clavan en la nuca y los - levantan y los mueven a voluntad." El encantamiento del hombre ante la fortaleza del medio le crea un estado de inconciencia y lo sujeta a sus leyes naturales, para ser atraí- do por un poder invisible, nacido de la violencia. 3. El hombre, elemento de contraste Anteriormente se hizo referencia al enfrentamiento que el hombre tiene con la naturaleza, como uno de los elementos más importantes de la novela criollista. También resalté la fuerza natural que rodea al ámbito en el que el hombre lucha por posesionarse y, al mismo tiempo, liberarse de los lazos destructores de la presión selvática. Vemos ahora al ser humano y sus conflictos en un turbulento fondo - tropical, donde sobresale el fenómeno de la invalidación del hombre bajo el peso de la naturaleza, anulación tan completa que la novela se convier te en un gigantesco registro de paisajes, a cual más despiadado en su tra 53 bajo de presentar la aniquilación del espíritu humano. Es el hombre como elemento de contraste el que protagoniza la epope- ya de contar su lucha feroz contra un mundo destructivo y salvaje. Todos los factores anteriores van configurando un individuo caracte- rizado por poseer rasgos temperamentales que son resultantes de los con- flictos emanados de la fuerza del ambiente. El ser humano se da cuenta de su incapacidad para vencer los obstáculos que le rodean; crea para sí mismo una problemática interna donde aflora su espíritu combativo; desata de su alma pasiones y sentimientos que emancipan angustia y nacen en él - instintos que agobian la estabilidad de su existencia. La novela Anaíté refleja en sus personajes la carga anímica de la - fuerza natural del ambiente. Así, el personaje principal denota el influ jo que la selva proyecta en él, al cambiar su estado de ánimo y transfor- mar su conducta, lo que equivale a una desadaptación inicial cuando empie za a vivir en la montería. Vemos, entonces, que Jorge se siente inseguro y desadaptado en la es pesura montaraz (1948:34): "Fumaba incesantemente, espantando la plaga, Algo amargo y tierno había en su alma; experimentaba una rara sensa- ción, como si fuera un pájaro o un cedro, o como si lo hu- bieran transplantado a la tierra desde un astro. Aquellos hombres eran de otra raza; quizás ni sintieran co mo el resto de los mortales." Se establece de esta manera una diferenciación especulativa entre - los habitantes de la selva y los de la ciudad, cuando el autor se refiere a una posible insensibilidad, y de quienes viven en la selva bajo su in- flujo poderoso. Más adelante, el autor hace un emplazamiento a los valores de los - 54 personajes, al implantarse la cosificación del ser humano; trata de esta- blecer que éste se encuentra en una situación en la que no vale lo que - piensa o siente; lo valoriza únicamente por lo que hace, como un fundamen to pragmático de la vida. La experiencia de haber vivido en la selva le permite a Rafael emitir un criterio sobre los condicionamientos que el hombre adquiere al vivir - en ella y sentencia la conducta de Jorge, con una advertencia que testimo nia determinada justicia confruente con la validez de los principios huma nos existentes en la selva (1984:55): "Aquí debes perder la noción del valor que tienes de los - hombres y de las cosas; aquí se vale por lo que se hace y no por lo que uno es... de estos infiernos jamás se sale con los compromisos insolventes, ya pagarás tú la próxima vez, cuando te necesiten. Esto es lo único que hay de im- portancia en las gentes: lo objetivo; lo que piensen o sien tan, no cuenta para nadie." La crisis de valores en los personajes que, como Rafael, han sido ab sorbidos por la selva, patentiza los cambios en un individuo normado por una escala de valores diferentes a los que rigen la vida urbana. Por eso Rafael es el personaje conflictivo y representativo, surgido del ambiente selvático. La validez de los hechos realizados por el hombre, como producto de las necesidades del contexto selvático, constituyen en la novela criollis ta un rasgo psicológico muy importante: crear un individuo afín con el en frentamiento que sufre al ser trasplantado de un ámbito a otro. La lucha interna que el individuo mantiene a lo largo de la novela - alcanza niveles de explicación sociológica, cuando, además de explicar la absorción que la selva hace de él, ya incorporado, exterioriza su idiosin 55 crasia con un traslado de elementos a su función humana. El acoplamiento a intereses vivenciales diferentes en los hombres de montería queda fijado por la opinión del personaje Juan Ross, quien con - su experiencia comenta a Jorge (1948:87): "Dese cuenta que es muy posible que esta sea la única raza tropical a la que le gusta el trabajo, Lo primero que les guía por venir aquí desde Tenosique o desde las poblacio- nes, es la ambición: en las monterías se gana bien; pero pasa el tiempo y ninguno de ellos hace plata. Entonces co mienza a gustar esta vida, por abandono, por ausencia de - problemas; cuando no se mueren, se vuelven inmunes a los bichos y a las enfermedades y van despegándose del dinero, que de todas maneras se escapa tan fácilmente," Y de ese mismo contacto con la naturaleza se forjan impulsos que apa- recieran ser el fruto de una degradación psicológica, pero se identifican con la noAmalídad que el mismo ambiente y necesidades exigen de los hom- bres, reaccionando ante esa condición, con una conducta afín con su nuevo ambiente (1948:95): "Porque entre las plantas y los animales debía obrarse con desnudez, tal y como uno era, aún cuando se tuviera gana - de destruir por gusto o de maltratar a alguien," Para sobrevivir, el hombre rebaja su condición humana a la instinti- va del animal; se aclimata al ambiente feroz de la selva y resiste las in clemencias del infierno verde. Al final, se convierte en una prolonga- ción te la naturaleza y, en determinadas circunstancias, también reaccio- na contra el medio dominante, a través de la violencia; Leamos (1948:133): "Un muchacho descomunal tenía agarrado por el cuello a un chiapaneco de cara aquilina, y lo cernía vigorosamente, — Tú, suelta a ése— ordenó imperiosamente Rafael, El muchacho obedeció a regañadientes. — Te largas mañana al cedro; me has venido a alborotar el semaneo. 56 —Pues, no me voy:— replicó insolente el aludido. Iba a continuar hablando; pero Rafael se le fue encima co- mo una centella y le descargó un puñetazo que pareció rom- perle en dos la quijada inferior." No es extraño que el individuo, como elemento de contraste revele - sentimientos fuertemente enraizados en su conducta humana y los proyecte negativamente, provocando crisis al agredir, destruir o violentarse. La temática de la novela plantea el enfrentamiento de la naturaleza y de un individuo, pero de esta lucha surge, en la personalidad de los protagonistas, el afán de un cambio paulatino en sus valores, donde la agresión yla destrucción llegan a constituir una conducta normal y sin - trascendencia espiritual alguna. Lo mismo es matar a un hombre que defenderse del tigre o de la ser- piente nahuyaca; lo que interesa es existir, máxime cuando, dentro de es- ta valoración de la vida en la selva, se debe satisfacer condiciones de subsistencia como es la de matar para comer. Ello es una muestra de que el poder puede determinar la sobrevivencia (1948:179): "De pronto una banda de micos saltó con velocidad prodigio sa hacia las ramas colindantes, que se doblegaban a su pe- so; cinco o seis hombres apuntaron sus escopetas y tumba- ron varios mientras el resto de la partida huía despavori- do, sintiendo la muerte cercana. Los monteros pelaron y cuartearon a los simios, y las muje res prepararon la comida. Es interesante observar el punto de barbarie que el hombre alcanza - en la selva; es la fuerza y la plenitud de la naturaleza la que conforma una determinada caracterologia y hace prevalecer lo primitivo de la con- ducta del monten). De esta manera, Lola la mujer de Rafael, manifiesta un enigma sobre la naturaleza conductual.de los hombres dentro de la selva (1948:257): 57 "Ustedes, los hombres de este infierno, deben ser hijos de la misma madre; en medio de lo monstruosamente salva- jes que se vuelven, tienen algo que yo no entiendo, no en tiendo..." Esta referencia, que denota la pugna del individuo consigo mismo, - también señala la absorción que la barbarie hace de él. Al final, la naturaleza salvaje se impone al hombre y éste contribu ye a su propia perdición, refinando los medios de explotación y homici- dio en los parajes que se propone conquistar. 4. Jorge y Rafael, personajes en conflicto Figuran en la novela dos personajes que son opuestos por carác- ter. Jorge y Rafael representan los elementos antagónicos en la novela criollista Ancuet/: la civilización y la barbarie, la fuerza y la razón se identifican con dos personajes en un mismo conflicto. Jorge llega a la selva con espíritu de conquistador, pero sin ser prepotente como Rafael; aprende que no debe ser confiado, ingenuo, recono ce el valor de la amistad, la lealtad y la gratitud y, cuando se decepcio na del mundo, aprecia la soledad. Llega ilusionado en busca de poder eco nómico para alcanzar una meta y termina, al final de la novela, sumido en la humildad. De nada le sirve su dinero; con él no triunfa porque no pue de comprar el amor y la felicidad. Tanto Rafael como Jorge son engañados por una mujer. Rafael busca - su desahogo en la agresión, la desconfianza y la violencia; mientras que Jorge se refugia en la apacible vida lacandona, donde vive la sinceridad y la humildad de sus hombres y las comparte con ellos. Rafael encarna la ferocidad del trópico; es el animal que encuentra 58 en la montaña primitiva y salvaje el lugar donde se fermenta su conducta impulsiva y agresora; la razón sólo le permite decidir que la bondad es útil cuando lo beneficia; por eso destruye, porque la vida es para él un cúmulo de experiencias enajenantes e incomprensibles. En Jorge no vemos la masculinidad como una reacción de la fuerza ge- nerada por el trópico; antes que el instinto machista, está la actitud se rena y ponderada de su conducta; no aflora en él un enceguecimiento por reclamarle a la novia su funesta infidelidad, mucho menos evidenciar una reacción bestial de tomar por la fuerza algo que le corresponde. Dentro de los lineamientos que incumben a la técnica narrativa en - Anaité, creo que el final del recorrido temático de Jorge se ve muy forza do; ese regreso desilusionante a la selva, después de perder a la novia, no encaja en un individuo adinerado y con una juventud que le permita re- hacer figuraciones sentimentales con otra mujer que satisfaga sus ansias pasionales. Estilísticamente, la novela falla en el final. La crítica literaria reclama, en la mayoría de las novelas de Mario Monteforte Toledo, el vigor de los desenlaces convincentes y cargados de emotividad y creatividad con ceptual. En Anaíté se evidencia un declive de interés temático, pues si bien, al final, la selva se impone con sus leyes al ser humano, éste pierde de- terminada originalidad con la realidad que le circunda; en este caso, Jor ge debió buscar respuesta a sus impulsos amorosos y valorar su posición de hombre fuerte y trabajador, ya sea regresando a la selva a buscara los traidores, o quedarse en la ciudad gozando de la fortuna lograda en el va lladar selvático. 59 Mientras que Rafael, decepcionado por una pasada experiencia, expul sa su amargura y la proyecta en el ambiente primitivo del trópico; resume una potencia malvada en cada acto que provoca e irrita su expresividad. Leamos (1948:253): "Lola, por detrás de la silla, le acarició la frente y le besó los cabellos. — iCóme debes haber sufrido para haberte puesto tan romo: como susurrando con tristeza. — iDéjame en paz! — Me vas a pegar otra